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Todo sobre la crítica

Arminda García Galván

Nos proponemos indagar en la actividad escultórica de Joan Castejón. Y para ello vamos a investigar y a profundizar en una de sus esculturas,”Sobre la Crítica”: un conjunto escultórico de cuatro figuras de bronce de tamaño natural e incluso algo mayores (entre 1’80 y 2m de altura) alrededor de un marco de acero corten de dos metros y medio por dos metros y medio.

También nos preguntamos sobre las relaciones entre la escultura, el dibujo y la pintura de Castejón.

Contamos con los textos de las críticas acerca de la obra de este autor y vamos a emplearlos para adentrarnos aun más por entre los pliegues de sus sentidos y maneras. Para mejor y más extenso vislumbre de lo que ahora nos ocupa, dejando pasar miradas retrospectivas por entre los espacios nuevos.

Incidiendo en el tema de nuestra escultura, creo que por primera vez en la historia de la plástica rinde homenaje un autor a este oficio. En esta y en múltiples ocasiones: sobre papel, con pinturas y ceras, presta atención Castejón a esta profesión que parece tener instancias últimas para garantizar la autenticidad del arte. Así como detectores de falacias y algo de cazatalentos. Un campo bien ambiguo que permite sospechosos subjetivismos e intereses varios de niveles distintos a la Estética. Causando malestares entre los creadores o sirviendo a su mismo propósito. Una tarea, en fin, polémica que incorpora a la obra un cuerpo teórico que en principio no le pertenece.

Sin embargo, sirva nuestro argumento para sostener que sobretodo “Sobre la crítica” es un homenaje a ese oficio que le da título, que versa sobre el porqué del arte y formula juicios de valor acerca de este.

“Érase una vez un pintor... que exploró formas y colores, revolucionó su destino y salió al mundo un poco temprano.”

Fue donde nació, en Elx y con su materia primera, donde el infante Castejón experimentó, indagó y modeló el barro, haciendo figuritas que al final formaban el belén para navidad. En “la Animeta”, la casa pulcramente encalada donde se criaban los cuatro hijos de Valentín García y Dolores Castejón, Juan Ramón le dijo a su madre cuando tenía cuatro años que él de mayor quería ser escultor. Castejón ha sido fiel a su cometido anunciado desde entonces.

También dice Castejón:

“Mi familia vivía en una masía de la montaña. Bajábamos a ver las fiestas de Elche, por Semana Santa. Cuando regresaba cogía barro de las acequias y modelaba figuras como las que había visto en la procesión. Este fue mi comienzo. En las Paredes de la casa y del corral hice mis pinturas elementales. 3

Datos tales nos abren a la comprensión del quehacer de nuestro autor, entendiendo que no una deliberada decisión su compromiso artístico sino la respuesta a un impulso de cumplir una afortunada vocación.

Y siguiendo con sus comienzos, una pregunta de Mar Menéndez en su entrevista para el catálogo “Joan Castejón i el Quixot” sirve para registrar su multidisciplinar aventura a la vez que anuncia el motivo de este ensayo:

P: Eres al mismo tiempo pintor y escultor, algunas de tus obras parecen bocetos para posteriores proyectos y creas a menudo efectos tridimensionales en tus dibujos. ¿Cómo empezaste? ¿Cómo se interfieren ambas actitudes artísticas, la del pintor y la del escultor, dos maneras distintas de interpretar el espacio?

R: ¿La escultura? De siempre… No noto mucha diferencia, en realidad dibujo como si modelara. En muchas ocasiones, me apetece volcarme en lo tridimensional, ahora tengo el encargo de una escultura para Elx y estoy deseando abordarla porque me encanta, pero también en un plano, en un soporte de papel donde no había nada, también me divierte mucho crear formas, que probablemente tengan esos efectos.4

En Castejón las Bellas Artes, todas, van de la mano a todos lados. Y en todo aparece el dibujo “…Pues es en la prolífica tarea dibujística de nuestro autor donde se encierran las claves definitorias del conjunto de esa obra artística suya…”5 y en el dibujo la escultura….”Escenas que parecen salirse del marco que las acoge para trasladarse a la tridimensionalidad de la escultura.” Tania Pardo.

Hemos dado comienzo con estas anécdotas nuestro ensayo para darle a la historia una anchura a la que contribuyen tales referencias en el tiempo. Y aprovechar aun para recoger pistas de su “polifaciencia” y señalar con que soltura conviven en Castejón, desde siempre, las capacidades para expresar su creatividad.

Para ilustrar la importancia de la escultura en Joan Castejón en el maremagnum donde germinan las semillas creativas, cito un párrafo de Fernando Castro que bien parece referirse a “Sobre la crítica”. En esta escultura nos encontramos con el signo icono, que más adelante lo conoceremos como vanitas según el mismo Castro y que sirve para tocar al hombre genérico, para tratar de él. También está rotundamente presente la plasticidad, desbordada en caudaloso mensaje.

“La potencial polisemia de los signos de Castejón -de intensa iconicidad converge reductivamente hacia un mensaje de dominancia connotativa en el que se trasluce toda una concepción del hombre y de la realidad, y en el que la plasticidad destaca plenamente, delatando el secreto interés que siempre tuvo, ya desde un inicio, - y que, latente, ha conservado con irrupciones esporádicas- por la actividad escultórica.” Fernando Castro *

A pesar de tal “polisemia de los signos” y de ese “mensaje de dominancia connotativa” no es que Castejón se invente unas claves propias, a descubrir por críticos y espectadores, para tratar los temas en sus obras sino que sencillamente los retrata haciendo honor a sus plasticidades. En la “realidad de lo imaginario”* no se pelean entre sí signos y significados sino que solo abundan las ambigüedades y las múltiples interpretaciones que cada uno aporta con el dossier de cada uno, como en la vida misma…

La experiencia artística de Joan Castejón es una con su vivencia. Su capacidad para plasmar el mundo que le interesa, que le impresiona, le ha permitido hacerse consciente de las bellas y las bestias que habitan en el espacio, normalmente oscuro, de los sentimientos humanos. La autenticidad, el compromiso con la verdad que ve hace de su actividad artística un buen lugar para la honestidad donde podemos sumarnos al autor para denunciar el horror o celebrar la alegría del mundo que nos muestra, verdadero y definitivamente subjetivo, como la vida misma…

La escultura de Castejón encuentra la armonía de las formas, como en la pintura y el dibujo, pero es con esta disciplina que Castejón se entrega sin más decoro a la belleza: las denuncias sociales transmutan en denuncias humanas al profundizar en ellas. La inmersión en el dolor y el duelo abre el camino a la desesperación o permite liberar la tragedia al tomar responsabilidad por el mundo. La comprensión de la naturaleza humana, asumirla como nuestra ¿cómo no?, permite hablar al autor en nombre de la humanidad. Y la función “mejoradora” del artista aquí, sobretodo en su escultura, consiste en manifestar la belleza, destacando la armonía de los cuerpos y sus anatomías, de las piedras labradas por sus erosiones, de las realidades imaginadas en los mitos y en las leyendas.

A mi modo de ver, el acercamiento a la perfección en las esculturas de Castejón, sus figuras casi renacentistas, más que una añoranza del ideal, es una llamada de atención, una invitación al ser humano en calidad de bueno, de adecuado para cumplir su cometido. Una confianza casi necesaria, incondicional, recuperada después de atestiguar el mundo. No es un optimismo infantil sino “una cualidad necesaria, inherente” una especie de inteligencia que sentencia con sutileza después de ver o más allá de lo que se está viendo. La obra de Castejón se refiere al hombre, a su modo de ver al hombre, y en su experiencia, este hombre, ha tenido la ocasión de encontrarse con alguna de sus salvajes oscuridades. Y es a su pesar y aun en el espanto de los dibujos de cuando estuvo preso que deja pasar a la belleza, tan humilde como ufana, sin desdecir nada al tormento pero ¡ay! Por encima de él, aun sin saberlo.

Y sobre “Sobre la crítica”… del conjunto, el foco de atención, el protagonista, es el cuadro.

Un marco de dos metros y medio por dos metros y medio es el referente al objeto, el cuadro, que desata la escena que la obra propone. Gracias a este marco vacío “Sobre la Crítica” se desmarca definitivamente de las rigideces de los estilos, y apunta a ese “imaginario” de la “realidad”, casi surrealista, con que titula Román de la Calle su clarificador ensayo sobre las funciones del lenguaje en la obra de Castejón.

En la escultura de Joan Castejón aparece este elemento de guiño, cargado de significado, con tanta intensidad como en sus dibujos y pinturas: Aquí hay un cuadro acotado en su marco, de contenido espacial, dentro de una escultura, como una película dentro de otra o como el pintor retratado en un cuadro, pintando un cuadro.

Y en cuanto a la acción, en el hacer de los críticos nos volvemos a repetir contemplando la obra. Este fenómeno de “retrato de la acción” lo vamos a encontrar más veces. Una especie de alegoría, una fina metáfora que abunda en la obra de Castejón.

Y de vuelta al cuadro, su contenido, “lo que está pintado” nos concierne en principio a nosotros solos porqué el artista lo dejó vacío queriendo. Ahora bien, en verdad, este cuadro solo es tal por su marco, a primera vista no tiene más contenido y “Sobre la Crítica” pudiera tratarse de una reflexión y denuncia de todo el teatro que envuelve a la así anunciada “obra de arte” por los críticos. Una constatación de la vacuidad que parece afectar al arte moderno. Un juego de personajes, una escenificación o simulacro alrededor de una “nada” con marco.

Sin embargo miren: representados en su majestuosidad física, garantía de su bienintencionada función, los críticos, están en lo primero de su quehacer: expuestos a la obra de arte y ya analizando, valorando la creación artística. Sin duda es una oportunidad para revisar este oficio desde una mirada que dignifica con la belleza el quehacer de los personajes. Su perfección, permite transpirar la inocencia, entendida como bondad en las actitudes de cada uno de ellos, los críticos. ¿Cómo se iba a entretener la verdad, relativa, subjetiva, pero auténtica, a correr junto a sus amigas?

Y será esta verdad la que transmitirán los críticos en su mediar especializado con los demás observadores. En su mirar aguzado de ojo de águila que ve y lanza dictamen a modo de consejo acerca de cómo mirar la obra, para llegarse a ella y disfrutar su cáliz. Sin impedir en ningún modo el quehacer propio del espectador sino alentándolo.”Por ello los niveles de lectura serán siempre múltiples y diversos en las auténticas obras artísticas, posibilitando así que la concreta “asignación de sentido" por parte del sujeto que se enfrenta al objeto estético, como extracción textual, sea una labor intransferible que él mismo debe asumir y efectuar a partir de la estructuración (regulativa) que le es directamente presentada.” Román de la Calle. La realidad de lo imaginario.

Castejón rescata la imagen del crítico y lo sitúa en un sostén clásico donde honorarlo como es debido.

Hasta los vestidos están hasta tal punto integrados en los cuerpos que los sostienen que acompañan la atemporalidad de la escultura y apenas esconden nada sino que juegan con la poética anatómica de Castejón que se explaya aquí encontrando tal armonía plástica en tan fiel figuración que al final nos permite acuñarle la “clasicidad” a sus figuras y al conjunto todo. Llama la atención en las obras de Castejon como desde la camiseta interior, prenda de ropa específicamente contemporánea, de “el Cristo obrero” de los setenta, hasta los pantalones y las sandalias, casi modernas de los “críticos”, las ropas se alían con el contenido de la obra sin interferir con sus anécdotas y aun siendo tremendamente actuales en el resultado devienen, como dijimos antes, atemporales y hasta clásicas.

Dice Tania Pardo que “Los estudios anatómicos que realiza Castejón" conforman una llamada a lo poético y lo sensible. Sus trazos minuciosos revelan musculaturas hercúleas, que bien podrían trasladarnos a los cuerpos miguelangelescos. El artista aglutina en su pintura componentes que aluden al clasicismo y por supuesto al mundo humano” y cita a Román de la Calle "Castejón, en lo que a los valores sensibles y formales de la obra se refiere, desarrolla un lenguaje esencialmente clásico que vincula...una directa apelación a los valores de la artisticidad asimilados en el ámbito cotidiano a partir de las categorías de prestigio de la figuración y la composición realista."3

Volviendo de nuevo a nuestra escultura, otra vez vamos a hablar de aquel “retrato de la acción”. Teniendo al crítico como protagonista formal, “Sobre la crítica” reflexiona sobre este quehacer en torno al arte que es el culmen y la por antonomasia del ejercicio de contemplación del objeto artístico y sirve de ejemplo extremo de lo que acontece en esa relación entre el observador y el objeto.

Tal vez sea entonces que “Sobre la Crítica” es un homenaje al espectador en el arte. A quién le ocurre la experiencia estética, para quién es en verdad el objeto artístico. Retratada tal experiencia en el embelesamiento extático de la figura femenina. En la emoción a punto de verbalizarse de la figura masculina que se acerca a “ella” para transmitirle su descubrimiento. En la mirada analítica, “postimpactada”, exploradora, del que acerca su índice al misterio para dar constancia de él sin desvirtuarlo. En la grandeza de la escena que tanta nobleza confiere al acto que nos propone.

La serenidad de la figura femenina, esa mirada todoabarcadora de quien conoce la perspectiva, más que ausencia, le da la consistencia de Diosa, de Mito atemporal y trascendente. Por su piel de bronce se pasean años incalculables. La atemporalidad y la sabiduría que expresa esta figura y su inmovilidad tienen que ver más que los otros dos críticos con el carácter trascendente de la figura del pintor. El movimiento, importantísimo en toda la plástica de Joan Castejón, de las otras dos figuras, los críticos masculinos, hace de contrapunto con el resto de la escultura que permanece quieta. El escorzo de quien señala el cuadro justo en el medio del conjunto levanta el peso de la escultura que ya era liviana. Pero es el crítico de al lado de la figura femenina quien le da más la credibilidad a la escena, quien la “humaniza”. El movimiento, contenido en “el autor” y en la figura femenina, se eterniza en el “ir hacia” de esta figura masculina siempre a punto de rozar el hombro de ella

Y nos falta hablar del autor. Entre las figuras, la más destacada. Y la más elaborada. Es quien materializó el cuadro que ahora está presentando y quien aun medio vestido está conceptualmente desnudo. Tocado por una máscara de hueso que él mismo sostiene, animal, pétrea, pretérita, como un hombre medicina que tiene el poder de la montaña porqué se ha hecho uno con ella.

Del autor es de quién más sabe el autor. Castejón ha dispuesto de los personajes y de la puesta en escena para entre otras cosas dar cuenta de su cometido, de la función del artista, de su responsabilidad como humano para con la humanidad. La escutura-pintor, nuevamente tenemos que apelar al retrato de la acción, tiene algo de autobiografía.

Castejón no viste al pintor porque en su mostrar su creación está mostrándose a si mismo. Y es este un acto de valentía trascendental, ya que dependiendo de su sinceridad, de su entrega al servicio de la humanidad, al verdadero y último fin del arte, puede guardar el temple para recibir sentencia, la de los críticos.

Así puede el autor recibir las disertaciones de la crítica serenamente erguido, con toda la paz de espíritu que le otorga sumirse a tan grande misión.

“…érase una vez un pintor que ya no se puso ante nada sino que se metió dentro y dejó de extrañarse para convertirse en extrañeza misma. Dejó de pasmarse, de quejarse, de admirarse. Se hizo cargo de sí y se convirtió en sí y cuando le vino a pedir cuentas el mundo, solo se pudo entregar a sí mismo. Tal honestidad es el mejor de los tesoros, porqué ese sí mismo es el mismo en todos. Es Uno. Madre de la universalidad del Arte. A quien nos vamos a ver para regocijarnos. A jugar con el amigo.”

Transfigurado voluntariamente en transmisor de este impersonal y ancestral saber, se cubre la cara con la vanitas, (véase cita de Fernando Castro), que habla de la mortalidad, de la intrascendencia de las vanidades ante la muerte siempre presente. Pero aquí, la primera vez que acontece en la obra de Castejón esta autoimposición, el autor que asume su mortalidad se hace uno con ella en calidad de llama que prende fuego a lo que no es verdadero y queda envuelto en su propio cometido.

Sepan que no oculta nada la calavera que cubre la cabeza del autor, ni malas intenciones ni rubor alguno. Sino que quita de sí, de su carácter mortal la gloria para entregarla al misterio. Parece que los elementos que compone y contempla con más pasión Castejón sean huesos y calaveras, signos típicos de las vanitas. Históricamente, la vanitas transmite el mensaje moral de la futilidad de los empeños humanos,52 la conciencia de la caducidad y la premonición de la muerte. En alguna medida toda naturaleza muerta lleva incorporado el motivo de la vanitas, esa presentación, alegórica, de la brevedad de la vida enraizó fácilmente en el sentimiento religioso español en el siglo xvII.” Fernando Castro.

Ahora les propongo un juego: primero investigaremos acerca del objeto artístico y del fenómeno estético a cuento de una cita de Román de la Calle, y después veremos qué implicaciones tiene este fenómeno en el diario vivir de los vecinos de la “Sobre la Crítica”, suponiendo además que en la escultura de Castejón el marco no contenga la imaginaria superficie plana de una tela pintada sino que cuente con la total profundidad de la escena que realmente enmarca, el “cada momento” que pasa por delante del marco.

”…Es indudable que la función primaria del objeto artístico es de carácter estético. Si falta o se minimiza esta dimensión (bien por parte del objeto mismo o por la inadecuada actitud del sujeto contemplador) la experiencia estética se resiente o –como tal- no se da. Sólo en la conveniente interrelación objeto-sujeto se desarrolla la dialéctica vivencial que posibilita y caracteriza a la vez el genuino ámbito del fenómeno estético”. Román de la Calle. La Realidad de lo imaginario.

¡Qué perfecta ilustración de la relaciones cuánticas en cada experiencia nuestra con los objetos!

Si esta “dialéctica vivencial” la entendemos como la relación en que participan dos “la conveniente interrelación objeto-sujeto” entonces se ha cedido el honor al objeto de participar de un significado y aun de un estado de ser al que debemos atender. Convertido en digno contertulio, se le pregunta qué es lo que nos viene a decir. Y al darle ese poder de ser artístico al objeto, el espectador se vuelve consciente de su propio poder y en vez de devenir pasivo, mecánico en su imposición de todo lo que ya “sabe” del objeto, se compromete con el y de alguna manera se hace uno con el en la experiencia que suscita su juicio. De sujeto afectado pasa a sujeto creativo en esa “dialéctica vivencial” aun en el puro contemplar la obra de arte.

Tal vez la contemplación que quiere una obra de arte, su autonomía en el sentido del poder que se le otorga para entablar esa relación, la dialéctica, sea de la misma naturaleza que la contemplación de la vida que proponen los sabios. Así cada manifestación, cada fenómeno tiene la oportunidad de vivir con nosotros en dicha relación.

Y ahora miren. Vamos a volver al cuadro. El gran marco nos invita a contemplar lo que rescata: un todo en el que fijar nuestra atención y sostiene en cada instante una escena irrepetible. A modo de reflexión sobre “sobre la crítica”, cito de nuevo a Castro Flórez en un texto muy apropiado referido al realismo literario en relación con el “realismo” que caracteriza la obra de Castejón:

“Se diría que el enunciador, antes de escribir, se aposta en la ventana, no tanto para ver bien como para fundar lo que ve por su propio marco: el hueco hace el espectáculo. Describir es, por lo tanto, colocar el marco vacío que el autor realista siempre lleva consigo (aún más importante que su caballete) delante de una colección o de un conjunto de objetos que, sin esta operación maníaca (que podría hacer reír como un gag), serían inaccesibles a la palabra; para poder hablar de ello es necesario que el escritor, por medio de un rito inicial, transforme primeramente lo ‘real’ en objeto pintado [peint] (enmarcado), después de lo cual puede descolgar ese objeto, sacarlo de su pintura; en una palabra, describirlo [dépeindre] (describir es desenrollar el tapiz de los códigos, es remitir un código a otro y no de un lenguaje a un referente). Así, el realismo (bien o mal denominado y, en cualquier caso, a menudo mal interpretado) no consiste en copiar lo real, sino en copiar una copia (pintada) de lo real: ese famoso real, como si obrase bajo el efecto de un temor que prohibiese tocarlo directamente, ese enviado más lejos, diferido, o por lo menos aprehendido a través de una ganga pictórica con que se le recubre antes de someterlo a la palabra: código sobre código, dice el realismo.”

A riesgo de que nos resulte inalcanzable no vamos a someter a nuestros códigos la cosa, sino que nos quedamos en el instante en que el marco está colocado. “transforme primeramente lo ‘real’ en objeto pintado [peint] (enmarcado)”, Grande es la propuesta: ¿Es posible una experiencia estética en cada momento que queda descontextualizado de su cotidianidad para pasar a la categoría de “obra”?

Le dimos la vuelta a la escultura y ahora son los críticos quienes nos están mirando. Es nuestra vida la que contemplan. Aquí el autor es un meta-autor que se ha metamorfoseado para alcanzar el grado de Demiurgo que presenta una acción, la nuestra, no azarosa sino precisa y necesaria. No es que manipule sino que presenta Lo Que Hay en toda su grandeza. Nuevamente esta es la función de los artistas, de los poetas.

Ahora se me aparece, que antes que nada la escultura es un homenaje, a la vida toda. La que ahora es madre reciente que pasea a su hijo, ahora funcionario ajetreado corriendo hacia algún lado, ahora alguien pintando paredes y ahora noche sola, lluvia sola. A la vida toda que en su enmarcado ya no se escapa sino que queda eternizada, sacada del tiempo para nuestro mejor uso y servicio. Grande es la propuesta.

Castejón está, llevando a cabo el insólito trabajo de recuperar para la colectividad, una actividad - la artística - que parecía condenada a vegetar en cenáculos minoritarios. Y lo está llevando, a mi entender, con absoluta maestría. Agulera cerni.