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Trazando cuerpos, componiendo sombras



Trazando cuerpos, componiendo sombras

Consuelo Císcar Casaban,
Directora del IVAM

“Unos cuerpos son como flores
Otros como puñales
Otros como cintas de agua;
Pero todos, temprano o tarde
Serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
Convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un Hombre.“

Luis Cernuda (Los placeres prohibidos, 1931)

Una forma muy particular de aproximarse a la pintura es la que nos ofrece Joan Castejón a lo largo de su extensa manifestación artística y su vasta trayectoria. Este artista ilicitano afable y sencillo considera la pintura como su mejor aliado a la hora de expresarse ya que piensa que el arte es una forma de ser donde verter sus inquietudes, sus alegrías, sus pasiones y sus angustias.

Nos enfrentamos, por tanto, a una obra indisociablemente ligada a sus experiencias donde muestra diferentes periodos de su vida en los que el hombre será el tema fundamental. La cruzada de cuerpos desgarrados y mutilados de una primera época coincide con la Segunda Guerra Mundial que le tocó sufrir. Su período en esa época es proclive a una sobria paleta, sombría, queriendo resaltar el sufrimiento, jugando con el claroscuro de una forma casi tenebrista. Sin embargo, la pintura de esta etapa contrasta con la placidez y serenidad que se respira en la del periodo actual. Ahora sus colores cálidos y suaves invadirán todos sus lienzos transmitiendo la paz que en la actualidad goza el pintor.

Destaca sobre todo el uso continuado del azul con el que nos invade una grata sensación de infinito. Como constante en toda su obra pervive un canto a la libertad y al hombre, quizás influenciado por la poesía de dos de sus poetas más admirados Walt Whitman y Onetti. Por esta relación que el artista siempre ha mantenido con la literatura, no nos sorprende que haya encontrado en El Quijote un refugio donde dejar escapar su imaginación, junto a la cervantina, para dibujar las pasiones del hidalgo castellano.

Son muchas y variadas las aproximaciones que en el IV Centenario de la primera edición de la novela se están dedicando a exaltar el pensamiento de Don Quijote de la Mancha. Por ello esta exposición propone sumarse a este año de celebraciones en el que el IVAM Institut Valencià d’Art Modern ya ha rendido en varias ocasiones su más admirado tributo a la obra del Siglo de Oro español más reconocida universalmente, a través de los dibujos de Saura proyectados sobre un Árbol de Navidad –instalación creada por Pistolo Eliza– y las ilustraciones que integraban la exposición Dalí y El Quijote.

Por esta razón, la estética de la novela cervantina puede que sea una de las que más ha influenciado en corrientes y movimientos posteriores a su época. Es así, una obra literaria que, entre otras interpretaciones, llega a ser una gran crítica a la sociedad española del siglo xvii. Podemos, del mismo modo, sostener que fue la primera obra importante de ficción en prosa que vio la realidad como una especie de ficción, y la ficción como una especie de realidad. A través del poderoso uso que de su libertad hace Don Quijote, convierte el mundo en una tierra fértil para cultivar sueños, inspirado en un idealismo cautivador.

El discurso narrativo de Miguel de Cervantes, extraordinario patrimonio verbal y todo un laboratorio para el estudio, decide interpretar la realidad según su cosmovisión elaborando “verdades estéticas” que se muestran como espejos valleinclanianos donde la sociedad puede verse reconocida. El Quijote es un emblema portentoso para extrapolarlo de su contexto y dar a conocer la variedad, complejidad, el valor humanístico y vigencia que contiene esta prodigiosa novela que cierra y abre un ciclo en la historia de la literatura a partir de la imaginación artística. Por tanto, la figura de Alonso Quijano convertido en un icono para Castejón, redunda en su expresividad e interés por lo que la estética quijotesca sigue y seguirá siendo multiplicadora. Esta novela consiste en un método de acercamiento a las cosas distinto al cartesiano, ya que, por el contrario, estamos aquí ante una obra, parafraseando a Nietzsche, “humana, demasiado humana”.

Entrar en el Quijote es entrar en la vida misma mediante una cosmovisión que nos sobrecoge a todos, por la que todos pasamos a través de las diferentes esencias del ser humano plasmadas en la poética quijotesca. Una verdad estética que nos organiza nuestra ficción cotidiana. Y eso ha querido transmitir no solo en este homenaje que Castejón ofrece a la novela de caballerías por antonomasia, sino que está presente en su vida dedicada al arte. El pintor de Elx corrobora lo que el profesor Ángel Palomo opina cuando afirma que “el mismo Quijote es un ser y un personaje tan simple que dentro de su simpleza toca lo más complicado: la naturaleza humana”. La novela es también un canto a la alegría de la vida como naufragio, según el catedrático de la universidad de Salamanca José Luis Molinuevo.

El cuerpo y la condición humana está presente en el arte desde sus comienzos, ya que éste ha tomado la anatomía como fuente inspiradora y canon de medida desde los comienzos de su existencia. Son distintas las representaciones de los artistas sobre la figura y la experiencia humana entendida como posibilidad expresiva de sensaciones y sentimientos, por lo que el reconocimiento del cuerpo a lo largo de las civilizaciones permanece con una constante resistencia. Nada pertenece más al individuo, nada está más al alcance de su conocimiento que su propio cuerpo. Al mismo tiempo, pocas realidades le ofrecen más enigmas y más desafíos que su interpretación y escenificación.

Castejón nos anuncia a través de sus lienzos un hombre en su devenir trágico en su aventura/desventura en soledad subjetiva, debatiéndose entre su compromiso político, social y cultural con el tiempo que le toca vivir, siempre con una conciencia que le impide mirar a otro lado cuando se cruza con la debilidad del ser humano.

Por estas inquietudes el hombre en muchas ocasiones aparece, resentido, en actitudes felinas, desprendiendo una crueldad insólita provocada probablemente por la revulsión de ciertas actitudes sociales. Al repasar su obra apreciamos la gran calidad de sus dibujos que ocupan un lugar privilegiado en su pintura. El dibujo es la estructura de su obra: si ésta no es sólida, caerá por su propio peso. Castejón se destaca entre los artistas contemporáneos que centran su interés por la anatomía como Leonardo da Vinci, uno de los espíritus más universales e inquietos de toda la historia de la humanidad.

Estamos indudablemente ante un pintor inteligente, intuitivo, si seguimos la frase de Eugenio D’Ors “el dibujo es la inteligencia de la pintura y el color su instinto”. Por lo que en los lienzos de Castejón se demuestra una potencia dibujística, que más tarde, mediante densidades, tonos, espátulas y empastes permitirán la consecución de la obra.

Sus influencias las encontramos en sus propias vivencias, en todo lo que ha conocido, lo que ha aprendido. Sus pinceles, al deslizarse por el lienzo, aunque sea de manera inconsciente, van pintando su vida, narrando sus sensaciones y trascribiendo sus estímulos. Es razonable decir que ejerce una expresión libre en la que inventa su propio estilo. Por eso sus telas tienen ese carácter un tanto inacabado y parecen querer transmitir un toque de recién inventado. Su obra ofrece una temperatura, una frescura, y un dinamismo importante.

El realismo que desvela su trabajo protagoniza un paralelismo esencialmente humano con la obra cervantina. Incluso, cuando Castejón disecciona las figuras del hombre, nos evoca a la destrucción mental del ser a través de las acciones quijotescas más expresionistas cargadas de un lirismo trágico. El hombre kafkiano se desgarra, se metamorfosea y nos ofrece una vida interior mediante sus escorzos, su ruptura y su, quizás, enajenación poética mental que se pasea entre la ficción literaria y la realidad social deshumanizada.

De cualquiera de las formas, Castejón muestra su tradición ligada a la vieja escuela de arte donde al dibujo, como la estructura de una obra, se le otorgaba el valor que realmente merecía, puesto que el idioma de la pintura encuentra de forma natural su mejor forma de comunicarse.